El testimonio de María José

Fecha de grabación de la entrevista: mayo de 2016.

Maria José Cabezudo es una profesora de derecho de la UNED que recurrió a la gestación subrogada debido a problemas de salud, ya que quedarse embarazada supondría un riesgo para su vida.

Desde un principio tuvo claro que solo recurriría a un destino con seguridad y garantías legales, aunque eso supusiera un mayor desembolso económico. Por ello, se informó junto con su marido, también profesor de universidad, y terminaron decantándose por llevarlo a cabo en California, Estados Unidos.

Durante el proceso, tuvo que firmar cuatro contratos distintos. Uno con la clínica de fertilidad, que se encarga de llevar a cabo el proceso de fecundación in vitro y la posterior transferencia embrionaria. Otro con la agencia de subrogación, responsable de buscar y seleccionar a la gestante. Y un tercero con el abogado que controlará la cuenta de fideicomiso que debe abrirse.

Por último, también debió firmar un contrato con la gestante. En él aparecían detalladas todas las condiciones que ambas partes tenían que cumplir. Esto fue muy importante, pues en California es en el que se basa el Tribunal Superior de Justicia para dictar la sentencia judicial, la cual se dicta tres meses antes de que el bebé nazca. En ella, se indicó que Maria José y su marido eran los padres naturales y legales del bebé.

No obstante, el Código de Familia de California indica que esta sentencia queda en suspenso hasta que el bebé nazca, ya que, si hubiera habido un conflicto entre la vida de la gestante y la del bebé, es la gestante quien hubiera tenido el poder de decidir.

Maria José recuerda que en España existe una situación de “alegalidad”, ya que, aunque la ley indica que los contratos de gestación subrogada son nulos, se permite la filiación de los menores que hayan nacido en el extranjero a través de este proceso bien por la vía de la adopción o bien de forma directa en caso de existir una sentencia judicial válida del país extranjero.

Por ello, para obtener el certificado de nacimiento con tan solo el nombre de los padres legales, tuvo que seguir dos pasos. El primero, obtener el pasaporte del bebé para que pudiera viajar a España como ciudadano estadounidense, pues no daba tiempo a hacer el registro español.

Después, en el registro consular español se autenticó y apostilló el certificado de nacimiento y la sentencia de filiación apostillada, y se solicitó la inscripción. Entre dos y cuatro meses después, le llegó a su domicilio de España la documentación.

Para Maria José fue todo bastante fácil, por ello destaca que lo importante es hacerlo en un país con garantías legales y que no ponga trabas a la posterior situación del bebé nacido a través de la gestación subrogada.

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